martes, 3 de enero de 2017

La fórmula para el cambio

Ante el incremento en el precio de la gasolina, parte de la población ha reaccionado cerrando vialidades, realizando marchas, tomando gasolineras y liberando casetas de cobro. Muchos dicen que nada de eso funciona, particularmente aquello que afecta el tránsito en vialidades, porque lo único que hacen es perjudicar a la misma población y ni cosquillas le hacen al gobierno. ¿Entonces qué fórmula proponen para el cambio? Veamos distintas ideas. Algunos votan por la vía armada: levantarse en armas, iniciar una revolución, incendiar gasolineras... Suena tentador pero ¿será que aquellos que votan por la violencia alguna vez han disparado un arma? Bueno ¿siquiera habrán estado involucrados en una pelea? ¿O acaso sabrán armar una bomba molotov, un petardo o algo semejante? Está de más preguntar si tienen acceso a armas o saben de algún distribuidor confiable. Pero sobre todo ¿será que en realidad están dispuestos a matar o a morir luchando por la causa? Aún así son muchos los que, dientes para afuera, no se cansan de decir que no hay mas que la violencia para cambiar las cosas. Otros apoyan el que se liberen casetas de cobro. Sí, a que se liberen para que ellos (quienes están a favor) pasen sin pagar y se ahorren unos pesos ¿o acaso después de pasar gratis se unirán a quienes la liberaron o liberarán alguna otra? De igual forma, muchos están de acuerdo con que se tomen gasolineras y se regale combustible; aquí se podría hacer la misma pregunta ¿se quedarán en la protesta después de llenar su tanque? Al final, ni las casetas ni las gasolineras son del gobierno, no directamente, son concesiones que el gobierno otorgó a particulares o empresas privadas. Pero eso no importa, ese tipo de protesta es válido porque no perjudica al pueblo, de hecho, cualquier tipo de protesta de la que se pueda sacar un beneficio a corto plazo es más que bienvenida, no se diga si éste es económico (no duden que aquellos que llenan y llenan bidones de combustible -bueno, hasta tinacos- al rato lo estén revendiendo, eso sí, más barato). Los más románticos optan por esperar a las elecciones para castigar de forma ejemplar a los políticos con lo que más les duele (según): no votando por ellos. Aquí se corre el riesgo de que para la época de elecciones todo malestar ya haya sido olvidado y/o superado y voten por el mismo porque "más vale malo por conocido que bueno por conocer" o por que "todos son iguales" o porque "roba pero salpica", etcétera. Pero siendo optimistas y suponiendo que esta vez la memoria colectiva no falle y se pretenda castigar en verdad a los políticos habrá quienes, en señal de protesta, ni siquiera se presenten a votar dejando así paso libre para que la compra de votos o el voto corporativo, el voto duro, por mínimos que sean, alcancen para obtener la victoria y todo siga igual. Pero seguimos siendo optimistas y, de nuevo, supongamos también que la memoria colectiva sigue vigente y gran parte de la población sufraga por el menos peor pero... se hace fraude y ganan los de siempre ¿entonces ya qué nos queda? ¿qué hacemos para cambiar las cosas? ¿Cómo se ha logrado el cambio en otros lados? Con manifestaciones, veamos: En Islandia, el 24 de octubre de 1975 las mujeres hicieron huelga. El 90% de la población femenina no trabajó, la ciudad se paralizó porque nada funciona sin las mujeres. Con ello demostraron su poder y su importancia dentro de la sociedad logrando así igualdad entre hombres y mujeres y cinco años después, ser el primer país en elegir democráticamente a una mujer para la presidencia. No fue una revolución armada, fueron manifestaciones pacíficas. En Eslovenia, después de proveer educación gratuita, un buen día el gobierno decidió comenzar a cobrar cuotas. De inmediato los estudiantes se organizaron y realizaron manifestaciones para postergar al máximo la aplicación de dicha medida hasta que finalmente fue desechada, no sólo eso, lograron convocar a nuevas elecciones y cambiar al gobierno en turno. No hubo violencia, no hubo revolución, fueron manifestaciones. De igual forma ha sucedido en Alemania, Canada o Noruega, la unión de los estudiantes y la población han logrado el cambio. En Italia los obreros tienen jornadas de trabajo justas, varias semanas de vacaciones al año, empleos bien remunerados; todo logrado mediante la unión de los obreros, manifestándose cuando ha sido necesario. Tampoco han recurrido a la violencia. Seguro hay más ejemplos, éstos son algunos que se muestran en el documental "Where to invade next? de Michael Moore (que por cierto está en Netflix con el título "Invadiendo el mundo"). Insisto, el problema no es el cierre de vialidades o las manifestaciones, el problema es que no todos estamos en ellas. Si un sólo día se lograra un paro nacional en señal de protesta ya sea por la reforma energética, por fraude electoral, por los derechos humanos, por los crímenes de estado, por el avión presidencial, por la casa blanca, por los sueldo y aguinaldos de la clase política... el gobierno sentiría verdadera presión por parte de la población y la población misma se daría cuenta del verdadero poder que tiene. La fórmula para el cambio no es una revolución armada sino la protesta pacífica, la desobediencia civil pacífica, la unión del pueblo. Pero eso es más romántico que querer cambiar las cosas en las urnas, sin embargo nada se pierde alentando a los demás a unirse a la causa, después de todo, si saben que habrá marcha o bloqueos y llegarán tarde o de plano no llegarán ¿qué les quita unirse en lugar de sólo quejarse?

domingo, 1 de mayo de 2016

Cine tradicional vs VIP y las consecuencias de vivir en un país lleno de irrespetuosos (para no decir "nacos")

Ir al cine VIP, al menos en mi caso y las primeras veces, era una cuestión de comodidad: butacas reclinables hasta quedar acostado, cobija para el frío, distancia suficiente entre butacas para que el de atrás no te golpee el respaldo ni se escuchen las voces, tronidos de boca, etc. Después pasó de simple comodidad a una necesidad para poder disfrutar las películas principalmente por dos razones, primera porque prácticamente no hay distracciones por la distancia entre butacas; y segunda y la más importante es que acá en Coacalco sólo en esas salas proyectan las películas subtituladas; si algo me molesta y causa desagrado es ver una película doblada. La única opción que me queda es viajar a Satélite o Arboledas y entre gasolina, estacionamiento y demás, viene dando casi lo mismo que pagar el VIP. Hoy, para mi buena fortuna (aunque al final resultó pésima), finalmente proyectaron una película de mi interés (Civil War) subtitulado en cine tradicional. Al tratarse de un churro y en domingo siempre me armo de paciencia suficiente para soportar gritos, aplausos, risas exageradas, incluso pláticas o comentarios entre los asistentes, sobre todo si hay niños. Pero todo tiene un límite y una cosa son las exclamaciones características de un ser humano ante la emoción que le genera ver una película de superhéroes y otra muy distinta la carencia de respeto por el cine y digamos, los buenos modales. Sucede que la sala estaba llena hasta las lámparas, por lo que no había butacas ni filas vacías entre los asistentes. Estábamos rodeados y para colmo de gente ¿cómo llamarla? sólo se me ocurre naca o ñera. El tipo a mi derecha hablaba de cuando en cuando con su acompañante, va, uno lo tolera. De pronto le entra una llamada a su celular, responde y comienza hablar como si estuviera en su casa o en la calle pero no en una sala de cine; y no contestó para decir "estoy en el cine, te llamo al rato", duró varios segundos hablando en voz alta al grado que tuve que voltear y con enojo decirle "oye, no manches", finalmente terminó su llamada; como agravante, y no exagero, la boca, no le olía feo ¡le apestaba! El sujeto de la izquierda pasaba desapercibido hasta que sacó una bolsa, supongo de plástico metalizado, con la que hizo un ruido espantoso mientras la abría. Minutos después, supongo debido a que su botana tenía chile, comenzó a subir el moco una y otra vez. Dejaba de hacerlo unos minutos y volvía de nuevo ¿qué carajos le costaba salir a limpiarse la nariz? de haber traído servilletas se las hubiera ofrecido. Pero bueno, después de un rato finalmente dejó de hacer ruidos molestos. Por último, el tipo de atrás me pateó al menos 5 veces el respaldo, supongo también estaba acostumbrado al VIP y quería sentirse a sus anchas. La buena suerte de encontrar una película subtitulada en cine tradicional pasó a ser un horror. ¿Qué me queda hacer? ¿Ver películas en lunes y matiné para que el cine esté vacío? ¿Seguir pagando el costo exagerado del VIP? En realidad no tendía porqué buscar alternativas, si no viviera en un lugar sumido en la ignorancia (y no me refiero únicamente a Coacalco sino a todo México), es decir, en el que prefieren ver películas dobladas porque no pueden leer y ver la película al mismo tiempo y en el que la gente que va al cine no para de hablar, golpear respaldos, masticar con la boca abierta, etc. bien podría ir a cualquier cine, a cualquier hora, en cualquier día y disfrutar de la película de mi agrado. Desafortunadamente no es así y ante mi imposibilidad de ir siempre al VIP o comprar todas las entradas del cine tradicional para mi solito, o de educar a la gente, tendré que abandonar el cine que tanto me gusta y esperar a que salgan las películas a la renta para verlas en mi casa. Estoy al tanto de que carezco de paciencia y soy odioso pero al menos en este caso no soy yo quien está mal, son los demás esos burros irrespetuosos, nacos, pues.

martes, 30 de junio de 2015

La esperanza de México

Así comienza el libro La esperanza de México, ojalá motive a más de uno a leerlo y dejar de ser de esos que "se han vuelto cínicos y desesperan de que alguna vez sea posible cambiar al "sistema" que los mantiene sometidos": ¿Cuánto tiempo más soportará la mayoría de los mexicanos ser explotados en ambos lados de la frontera de México y Estados Unidos? ¿Por qué todo ese petróleo y gas natural no benefician a los pobres? ¿Por qué el dinero no sirve para pagar servicios médicos, viviendas y educación? ¿Por qué, en cambio, los burócratas del gobierno, los capitalistas nacionales extranjeros, y los narcotraficantes están en libertad de invertirlo, sobre todo, fuera de México, o de esconderlo en cuentas bancarias secretas? ¿Cómo puede aumentar la inversión de capital en México o mantenerse las ganancias en sus niveles tradicionales sin una escala de salarios baja, y cómo pueden garantizare salarios bajos a menos que el desempleo y el subempleo garanticen un "ejército de reserva de desempleados? Éste es el dilema capitalista en México. ¿Por qué es tan barata la mano de obra mexicana? ¿Por qué se ha convertido México en el eje central de Estados Unidos con América Latina? ¿En qué consiste la crisis de la deuda? ¿Qué factores subyacen al súbito aumento del narcotráfico y al súbito interés en crear el TLC? ¿Podría darse un golpe militar en el "estable" México? Para responder a estas preguntas tendremos que revisar la asombrosa historia de México, en gran parte como los propios mexicanos lo están haciendo [...] Algunos mexicanos se han vuelto cínicos y desesperan de que alguna vez sea posible cambiar al"sistema" que los mantiene sometidos. Otros, sin embargo, han desarrollado una obstinada esperanza en que sus luchas no serán en vano. Su esperanza se ha convertido en la esperanza de México, y esa esperanza es el leitmotiv de este libro [...]