Platón añadió sonido a esta escenificación de las sombras. Supongamos, dijo, que la gente que transporta los objetos está hablando con toda libertad, pero que la prisión tiene un eco que resuena en la pared donde se proyectan las sombras de manera que los hombres encadenados sólo pueden suponer que las voces vienen directamente de las imágenes.
Lo que estaba planteando era lo siguiente: ¿Cómo estos hombres construirían significados para las sombras que percibían a través de sus sentidos? Platón sostenía que, desde cualquier punto de vista, estos prisioneros creerían que las sombras eran la realidad. Creía que ellos organizarían su vida alrededor de reglas comunes que les sirvieran para interpretar aquellos significados, y que dotarían de nombres a los distintos tipos de sombras. Honrarían y elogiarían al hombre con mayor perspicacia a la hora de observar las sombrar que pasaban y al que tuviera mejor memoria para recordar el orden en que aquellas aparecían. También podrían otorgar premios a los que pudieran predecir qué sombra iba a ser la próxima en mostrarse.
Platón sugirió después que supusiéramos que se liberaba a uno de los hombres y se le permitiera ver la pared, el camino, la gente, los objetos, el fuego -es decir, la realidad objetiva global a partir de la cual se habían producido las sombras-. Se le podría decir a éste que lo que antes había visto no era más que una ilusión, y que lo que en ese momento estaba experimentando era el verdadero significado de su mundo anterior. Está claro que se le podía haber reeducado, con cierta anticipación, para que pudiera reconocer y comprender que el mundo nuevo que se le abría ante los ojos era realmente la naturaleza objetiva de la realidad.
Pero intentemos predecir -Platón proponía también- qué pasaría si se devolviera al hombre a la caverna y se le colocaba en el lugar que había ocupado antes y qué es lo que sucedería cuando explicara a sus antiguos compañeros que lo que estaban viendo no era en absoluto la realidad sino simples sombras del mundo real. ¿Cómo reaccionarían los otros? Platón estaba convencido de que rechazarían sus explicaciones como desvaríos de un loco, se reirían de él y que si intentaba liberarles para que pudieran experimentar la nueva realidad, le matarían.
Si nos trasladamos al mundo actual ¿somos los equivalentes de los hombres de la cueva? ¿Podemos afirmar que la información que se nos presenta a través de la televisión o del cine, donde vemos sombras proyectadas en la pantalla (o que incluso recibimos en forma impresa), nos lleva a crear significados compartidos para el mundo real que no tienen equivalentes en este mundo (ficticio)? Esta es una vieja idea, con una aplicación contemporánea asombrosamente clara. Además existen suficientes motivos para asegurar que realmente construimos significados convencionalizados para la realidad que nos rodea ¡con base en lo que expone en los medios!
Extracto de libro "Teorías de la comunicación de masas" de M.L. de Fleur y S. J. Ball-Rokeach.
Sirve como perfecto antecedente al próximo blog.
Tomen parte.
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